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Forigar en las heridas

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¿Qué puede ser más duro que esperar a que la multinacional Enel, propietaria de Endesa, haga pública su decisión de invertir o no los 230 millones de euros que necesita la térmica  para continuar  su vida útil  veinte años más?

Recordemos que son los millones que cuesta poner en la central los filtros necesarios para que no contamine, tal y como lo exige la normativa medioambiental europea. Pues mucho más duro que esperar a esta decisión es comprobar cómo nadie echa el resto en buscar alternativas al actual sector minero cuya existencia tiene los días contados. Así de duro y así de claro.

Ya hace años que algunos defendíamos que, paralelamente a la defensa del sector minero y energético, se debería  dedicar buena parte de los esfuerzos políticos a buscar alternativas, a apoyar proyectos. Proyectos que determinen si el carbón puede dedicarse a otros usos que no sean los de generar energía y proyectos que generen nuevos puestos de trabajo en las Comarcas Mineras. El apoyo a los trabajadores ha de ser fundamentalmente sindical y ahí están los sindicatos haciendo su labor.

Con la espada de Damocles encima de nuestras comarcas durante tantos años, echo en falta la realización de un estudio pormenorizado sobre posibles nuevas empresas, nuevos empleos que podrían generarse en nuestro territorio. Quiero un Plan Director  que haga una radiografía integral sobre los recursos con los que contamos, los suelos disponibles, la cualificación del personal que se necesitaría, en fin, un plan que recoja alternativas reales para poder vender en ferias de emprendedores, a las  pequeñas y medianas empresas, a la grandes, a grupos de inversores, dentro y fuera de nuestras fronteras. Quiero que las Comarcas Mineras suenen en todo el mundo como lugar ideal de inversión empresarial pero en lugar de ser preactivos algunos se dedican a forigar, hurgar en las heridas, en lugar de a curarlas. Ya tienen bastante con repetir el mantra de que  “es un mal que nos acecha desde hace años”. Todos queremos lo mejor para todo el Bajo Aragón histórico. No tengo ninguna duda. Pero necesitamos soluciones, no mantras autocomplacientes que insisten en mantener el monocultivo del  carbón cuando al actual sistema de explotación le quedan , con suerte, solo veinte años. Necesitamos nuevos usos del carbón y nuevos empleos que asienten población y  recuperen, en número, los puestos perdidos que permitan  regresar a cientos de jóvenes exiliados económicos. En los últimos 30 años hemos pasado de 6.000 mineros a menos de 500. Es hora de tomarnos en serio este asunto crucial. No  foriguemos las heridas. Hay que sanarlas.